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febrero 25, 2026
El nearshoring ha cambiado la dinámica de las cadenas globales de producción al trasladar procesos a regiones geográficamente más cercanas a los mercados de destino por razones geopolíticas, logísticas y estratégicas. En este escenario, México se posiciona como uno de los principales destinos de inversión extranjera en América del Norte debido a su integración al T-MEC, su cercanía con Estados Unidos y su infraestructura manufacturera. Sin embargo, para atraer la inversión extranjera también es necesario una buena estructura jurídica y corporativa que permita reducir riesgos regulatorios, societarios y operativos. Si bien la Ley de Inversión Extranjera establece como regla general la posibilidad de participación extranjera en cualquier proporción en sociedades mexicanas (salvo en las hipótesis normativas reservadas), la apertura normativa no quita la necesidad de un análisis estratégico previo.
En operaciones de nearshoring la estructura societaria tiene que tomar en cuenta factores como el número de inversionistas, la emisión de acciones, las restricciones de transmisión, la planeación fiscal internacional y la posible integración en estructuras holding. En este contexto, la redacción estatuaria es importante, pues si hay un gobierno corporativo deficiente genera incertidumbre y conflictos futuros.
Factores críticos para la estructuración societaria y operativa:
El nearshoring es una oportunidad relevante para México, pero el verdadero éxito va a depender no solo de que haya capital extranjero, sino de que se complemente con la capacidad institucional y corporativa para estructurarlo con seguridad jurídica. Una inversión mal estructurada puede tener conflictos societarios, contingencias regulatorias o vulnerabilidades contractuales y, por el contrario, con una estructura bien diseñada, fortalece la estabilidad operativa y la confianza del inversionista.

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